domingo, 24 de octubre de 2010

El atrapasueños

Me desperté soñando, o más bien como si se me escapara el sueño, o se desintegrara. ¿Dónde está mi sueño?, pronuncié entre dientes, en la confusión de la luz escasa que la luna menguante llevaba hasta la ventana abierta por el calor.
Creo que fue el sonido crujiente de un batir de alas atrapadas lo que me sobresaltó. Un insecto enganchado en las cortinas, la ventana abierta, el calor. Me acerqué a buscarlo. Una mariposa nocturna se debatía con esfuerzos desesperados por liberarse de una trampa en la que cayó por error. Era una trampa para sueños, para malos sueños.
            Trataba de liberarle las alas enrolladas en la red cuando vi que me miraban los ojos de la angustia humana, la mirada de los que saben que se han quedado sin tiempo para expresar lo que venían a decir, de los que se pierden en el sueño eterno. Luego cayó en un abismo que se abrió más allá de la red y desapareció. Se desintegró mi sueño.
            Las plumas del atrapasueños gritaban en una danza victoriosa de fuegos fatuos. Lo arrojé por la ventana. Todavía lo escuché un rato, entre risotadas que se apagaron hasta el silencio.
            Me dormí tranquila porque ya nada iba a elegir los deseos de mis sueños.

1 comentario:

  1. Me encanta!
    La decisión de no dejar que nada ni nadie elija por ti. Menos aún, los sueños.
    Fantástico!

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