domingo, 7 de noviembre de 2010

Primitivos del siglo XXI - II

El grado extremo de inmundicias superpuestas entre las que vivían aquellas personas lo describe mejor el olor a desechos compactados y polvorientos, ácido de putrefacción añeja que no termina por el añadido permanente de nuevos sustratos, que las imágenes de una estancia roñosa, desordenada y oscura.
            En medio de tanta mugre destacaba, casi podría decirse que brillaba tras un cristal a medio romper, la foto en blanco y negro de una pareja joven de otro tiempo. Una margarita silvestre colgaba prendida del marco. Parecían los ídolos de un altar, los dioses a los que hasta los proseres humanos necesitan adorar.
            No me resistí a hacerle una foto con la cámara del móvil, una foto digital de una foto manual, delicias de estos tiempos.
            Mis amigos no tardaron en sacarme de allí:
–Son agresivos, especialmente con las mujeres –me dijo el anfitrión.
            Al día siguiente colgué la foto en la red, por si alguien pudiera etiquetarla: quizá averiguaría la historia que encerraba aquella imagen, ¿quiénes eran y por qué los hermanos los adoraban? ¿Sus padres?
            Por fortuna tengo amigos que han hecho de su curiosidad profesión: periodistas, que bucearon inmediatamente en su mundo sin secretos donde no caben preguntas sin respuesta. Claudio encontró la foto en la noticia de un incendio que arrasó hacía más de cuarenta años los montes donde yo había pasado el fin de semana. Los dieron por desaparecidos. Otra noticia relacionada con el incendio publicada en los meses posteriores dedicaba una frase al final a los supuestos tres hijos deficientes de la pareja a los que tampoco habían visto desde entonces. No aparecían más referencias, así se zanjó el asunto.
            Pero, ¿los vecinos algo sabrían, no?
            Una tarde de la semana siguiente volví sola al monte. Me senté a contemplarlos, esta vez de lejos: impresionante, no se me ocurría otro calificativo más preciso. Un pastor se acercaba con sus animales por el camino, justo lo que necesitaba.
            –Buenas tardes, señor –le saludé en un despliegue de amabilidad, intentando ocultar mi exaltado interés por lo que no podía explicar como asunto mío.
            –Mmmm… –gruñó desconfiado de los extraños.
            –¿Vive usted cerca? ¿Es de por aquí? –insistí con cordial neutralidad.
            –Usted vino el domingo, ¿no? –me espetó tratando de ubicar su desconfianza.
            Sorprendida en un renuncio, saqué la artillería:
            –Sí, vine de visita porque estamos preparando un programa para la televisión sobre las costumbres de la gente en esta zona, especialmente de los pastores como usted, y sobre las historias de atrás que nos quieran contar, ¿qué le parece? –¡bingo!, relajó inmediatamente cada uno de los tensos músculos de su cara.
            –Pues si quiere, venga pa casa que le digo a mi mujer que nos ponga un vaso de vino de la cosecha –acepté vencedora, sonriendo al imaginar la cara de Claudio cuando se lo contara. 
Ya en la casa, empecé con un rodeo disimulado de preguntas sobre su familia, sus actividades, implicando a la mujer en el proyecto, hasta que consideré que estaban lo bastante entusiasmados para que se hubiera disipado el riesgo de deserción. Mencioné el incendio, lo demás me lo contaron de corrido: los vecinos sabían que lo provocaron los padres –allí todos conocían lo que hacían y hasta lo que pensaban los demás– para deshacerse de sus hijos retrasados, luego se embarcaron clandestinos hacia América en la playa donde termina el barranco. Algunos dicen que conocen a otros que los han visto por elegantes barrios de Caracas.

8 comentarios:

  1. Impresionante. Me acaba de recordar la novela "Y el asno vio al ángel" del cantautor Nick Cave. Enhorabuena.

    ResponderEliminar
  2. Esto se pone al rojo vivo. Supongo que habrá una tercera parte, ¿verdad?
    Estupendo

    ResponderEliminar
  3. Genial, espero pronto una tercera parte, es muy interesante.

    ResponderEliminar
  4. Fantástico! Al leerlo yuve la misma sensación que con "el perfume"....parece que el olor a putrefacción...ummmm...¡qué fetidez.....¡Enhorabuena!
    Pero.....¡quiero más!

    ResponderEliminar
  5. Gracias a todos, me alegro de que les gustara... el olor. Besos

    ResponderEliminar
  6. Bien, bien...
    Ya tenemos el planteamiento y el nudo...
    Ahora a esperar el desenlace...

    ResponderEliminar
  7. Siento discrepar con el grupo. Mejor así. "Finito". Final perfecto. En "elegantes barrios de Caracas". Genial. Atrás las cenizas del pasado no deseado. Delante la oportunidad de una nueva vida. Lo demás, que cada uno lo ponga. La imaginación del ser humano puede ser inmensa y sorpresiva. Gracias Angeles por regalarnos esta segunda parte. Un abrazo,

    ResponderEliminar
  8. Muchas gracias, Miguel, seguiré poniendo a prueba mi imaginación. Besos

    ResponderEliminar