jueves, 20 de enero de 2011

Sueños

Desciendo por un tubo cilíndrico en vertiginosa caída libre. Al principio las paredes son azules, parecen transparentes, acuosas, levemente inclinadas, pero a medida que se acelera la velocidad, se oscurecen y se verticalizan. Luego es todo negro. Sigo cayendo al abismo de mi muerte. Aun así, solo deseo llegar, que cese el miedo, no soporto el vértigo, que sea ya.
            Me arrepiento de haberme entregado a la tentación del tobogán azul. Debí suponerlo, no adentrarme en sitios desconocidos. Además, sola. Trato de agarrarme a algo que frene mi caída, pero las paredes son lisas, ni una arista.
Escucho mi nombre, alguien me llama desde arriba, pero no puedo contestar, mi garganta no puede pronunciar palabras a esa velocidad. Tampoco puedo moverme, solo caer. Quiero agarrarme a la voz, ¿quién es? Alguien me ha echado de menos, quizá vio que me acercaba a la boca del túnel que me engulló, quizá supiera mejor que yo a dónde conducía y viene a rescatarme. Me aferro a la voz como a una cuerda y salgo.
No consigo decidir quién es el rescatador: ¿es hombre o mujer?, ¿mi padre o mi madre, o los dos?, ¿mi hermano o mi amante? Ni siquiera sé si está…, estamos vivos o muertos. No es importante saberlo en ese lugar, un lugar sin espacio ni tiempo, o con espacios condensados e infinitos, atemporales y eternos.
Me pregunto, ¿dónde estaba la muerte? Arriba o abajo, era ir o era venir, o todo a la vez, o nada.

6 comentarios:

  1. Necesitamos permanentemente estar seguros: seguros de donde estamos, de quienes somos, de quienes nos rodean. Seguros de pisar sobre suelo firme y de que nuestros pasos van en la dirección que queremos. Es una verdadera pesadilla perder de un plumazo todas nuestras seguridades y caer en el vacío sin poder hacer nada para remediarlo sin saber siquiera si la caída tiene fin, sin referencias siquiera a las que aferrarnos. Me ha encantado releer tu texto, Ángeles. Felicidades.

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  2. Es cierto, pero algo de aventura abisal tiene la evolución y el progreso, algo de sueño.
    Soñemos.
    Besos

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  3. El sueño y la muerte están íntimamente relacionados, solo los separa la duración.
    Será por eso por lo que los ancianos duermen poco, por si el sueño se prolonga más de lo conveniente.
    Muy bueno este texto que te hace sentir -has conseguido hacer palpable lo onírico- y reflexionar.
    Me ha encantado

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  4. La fantasía popular quiere, quizá por suavizarla, hablar de la muerte como el sueño más largo, pero no se pueden comparar: la muerte no se puede contar, no se puede poner en palabras. Creo que los ancianos deberían dormir tranquilos, la muerte nos sorprenderá igual dormidos que despiertos. Soñemos plácidamente mientras tanto.
    Un beso

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  5. Muy bueno, me hace pensar, me gusta.
    Cada relato lo mejoras.
    Un beso.

    Angeles

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  6. Muchas gracias, Angelita, espero seguir viéndote rondar por aquí.
    Besos

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