sábado, 8 de enero de 2011

Y ahora, ¿qué hago con mi padre II?

¿Y ahora qué hago con esto?, ¿con la caja de mi padre? No puedo dejarla en el salón porque esta tarde vienen unos amigos y no cabemos. Además, cómo sé que realmente perteneció a mi padre lo que queda ahí dentro, tampoco es que me lo hayan certificado. Quizá si la destapo pueda encontrar alguna pista, algún resto que me traiga un recuerdo, pero hace tanto tiempo… ¿Y si no es? Pues la devuelvo, llamo a los del Gobierno y la devuelvo, ¡vaya si lo hago!
No puedo abrirla, está dura, claro, los cierres están oxidados y la madera apolillada. ¡Ah! Tengo que tener cuidado de no acercar la caja al mueble del comedor, no sea que se le vaya a trasmitir la carcoma, dicen que se propaga rápidamente. Mejor espero a que me ayuden después. Lo mismo a mis amigos se les ocurre dónde puedo ponerla.
Vuelven a llamar a la puerta: si es que tampoco me van a dejar tomar café. La mirilla: los bomberos. ¿Qué querrán? La última vez venían a romperme el suelo para buscar una gotera. Pondré cara de sobrada, de hastiada de la vida, como la del portavoz, para disimular que no sé qué hacer con la caja negra. A ver si esta vez me dejan todo intacto. Abro:
—¿Sí?
—¿Doña Lucía Fuentes?
—Sí, sigo siendo yo. —El que habla me dirige una mirada discretamente interrogante que desecha enseguida.
—Nos han avisado porque huele a quemado en el edificio y el olor parece salir de su casa.
—¿De mi casa? ¡Pero si aquí no huele a quemado! —le contesto con la poca estupefacción que me queda disponible.
—¿Que no huele? ¿De verdad que no le da olor a quemado? —ahora el estupefacto es él.
—Aquí, no. Será que ustedes tienen ese olor incrustado en el cerebro —le espeto entre ceja y ceja, temiendo lo peor.
—¿Y los vecinos también? —insiste arrogante—. Tenemos que entrar a inspeccionar su domicilio, disculpe. —Es el segundo tropel que invade mi salón sin permiso esta tarde, materializando mis temores.
—¿Qué hay en este cajón negro? —pregunta, inevitablemente, el que supongo el jefe de la expedición. ¡Buena pregunta!, pienso sarcástica, pero contesto con forzada amabilidad, igual hasta me ayudan a resolver el dilema:
—Pues en realidad no lo sé, me lo acaban de traer los del Gobierno. Me dijeron que son los restos de mi padre muerto hace años, pero no lo he podido abrir porque la tapa está atascada. ¿No le parece a usted un poco raro? —Raro sí que me mira el bombero jefe.
—Veremos —y lo abren sin resistencia.
Dentro humea un polvo oscuro, como el café recién molido. Me tranquiliza que no sea de color blanco, eso empeoraría aún más la tarde y tengo visitas.

11 comentarios:

  1. Sigue, sigue... ésto se pone interesante...
    ¿son los mismos que te trajeron los regalos el Día de Reyes?.

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  2. Mmmm.... Vaya vaya. Como dice Mª Nieves. ¿no nos dejarás con la incógnita?. Ya te pedí parte II, ahora necesito parte III !!!.
    Surrealista a tope. Me está gustando.

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  3. Son insaciables, mis queridos amigos, así me gusta.
    Besos

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  4. ¿Para cuando la próxima entrega? Qué dia más largo le espera a la pobre Lucía....
    Me encanta
    Toñi

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  5. Tranquila, tranquila, llegará, hay que alargar la tensa espera.
    Besos

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  6. Ayer lo leí, pero no te pude comentar nada, cosas de la vida. Hoy vuelvo a ello con la consiguiente relectura y me gusta esta historia, engancha.
    Seguiremos leyendo,supongo, ¿no?

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  7. Lo cierto es que no sé cómo me he metido aquí, busco precedentes y no los encuentro. Habrá más, supongo... jejeje!
    Besos

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  8. Polvo como de café molido en lugar de fiambre... hmmmm... esto huele muy, pero que muy bien.
    Me estoy divirtiendo de lo lindo y quiero más, please.
    Un besote precedente y varios abrazos más

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  9. Estupendo. Frótome las manos esperando el tercer capítulo. Esto está que arde.

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  10. Está cociéndose, ¿o es cosiéndose?, no sé...
    Besos

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  11. Esto engancha,todos esperamos más.
    Me gusta.

    Ángeles

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