domingo, 20 de febrero de 2011

Carmelo

Carmelo es un hombre bueno. Dicen que al envejecer nos convertimos en caricaturas de nosotros mismos, restos desinhibidos de lo que antes reprimíamos por conveniencia. Carmelo no lo debió de necesitar nunca, el amor generoso no hay que disimularlo. Cuidó de su Elicia hasta que consiguió morirse, él se lo impidió durante los casi catorce años que duró su reclusión voluntaria en la cama, a macerar la melancolía en que la sumió el suicidio de su hijo mayor, aunque también se oye que al chico lo que le falló fue el corazón de repente. Ya no quiso incorporarse más a la vida, o si luego quiso, su cuerpo había olvidado cómo hacerlo.
            El hijo menor, desde entonces hijo único, se quedó a vivir en la casa familiar por pura pereza. Carmelo colaboró como supo a criar a los nietos, a ayudar a la nuera puntillosa con las camas, con la comida, con la fregona. La ropa de Elicia era en exclusiva asunto suyo: la lavaba a mano para blanquearla, inmaculada la ponía. Se encargaba de asearla, de que comiera, de las pastillas, de hablarle, aunque ella solo escuchaba la letanía infinita del televisor.
            Quizá el único goce que se permitía era reunirse por las tardes en el bar con los amigos del pueblo: unos vinitos, sí, pero de la cosecha, sin química ni nada, lo que da la parra.
            Desde que se operó no puede caminar hasta el bar, ayer lo intentó y casi se rompe la otra cadera. Lo peor fue la retahíla con que se despachó la nuera, desbordada por tener que ocuparse de lo que no ama, inundada de sí misma.
            Así y todo, Carmelo sonríe a las visitas femeninas, se permite bromas picaronas de caballero de los tiempos en que la cortesía animaba a piropear. Pero Carmelo disimula, ahora sí que disimula, su soledad, su desamparo. Sin recursos, hacia dónde caminar.

12 comentarios:

  1. Me encanta Ángels. Espero que no pierdas la capacidad de asombro y la sensibilidad por las penas cotidianas que encontrarás día a día. bss

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  2. Muchos son los Carmelos y Elicias que nos podemos encontrar en el camino. Sumergirse en sus riquezas y desgracias es un buen ejercicio para alimentar nuestras almas. Gracias por compartirlo con nosotros, Ángeles. Un abrazo

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  3. Todos caminamos hasta ser Carmelos y Elicias, que no pensemos que no estamos en el bombo. Un saludo.

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  4. Nievitas, eso pretendo, que la costumbre no borre la magia de los encuentros.
    Miguel, estoy encantada de compartir todas estas sensaciones nuevas, y compartiré las que están por venir. El texto es ficción, nunca escribiría una historia real, solo trasmite mis sensaciones.
    7 Plumas, cuánta verdad, me recuerda la vieja fábula de la escudilla.
    Gracias a todos,
    Besos

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  5. Me encanta la sensibilidad que captas cuando cuentas las historias cotidianas, las del día a día y que en realidad son especiales.

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  6. Ay, qué maravilla de historia!
    Me ha emocionado. Mucho.
    Un abrazo grande

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  7. ¡Qué bueno emocionarte, Ana! Trataré de hacerlo más veces.
    Un beso

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  8. Es un privilegio venir y leer tus narraciones, te acercan a la cruda realidad de tantos mayores, una edad a la que todos estamos avocados llegar.
    Enhorabuena.

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  9. Gracias, Marimer, espero que sigas disfrutando de mis lecturas.
    Un saludo

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  10. Qué bonito Yeli. Un beso.

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  11. Gracias, Marta, por pasearte por el blog, te espero más. Un beso

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