martes, 29 de marzo de 2011

Escollos

Rescoldos cenicientos que se agotan en sí mismos, consumidos de quemarse a solas. Restos, despojos de batallas agónicas en las que debieron rendirse a tiempo. Ahora ya no vale capitular. Nada que recapitular, nada que reeditar, no rescatar. Nada.
            Escollos moribundos acabados entre llamas eufóricas, rabiosas de colores. El fuego que purifica, que quema, que atrapa. Que tienta al que se atreve a mirarle el alma, desafiante en su poder fatuo. Vida y muerte igual de volátil, intercambiables.
            Escollos que siempre terminan por apagarse hasta la frialdad no reanimable, por pulverizarse en polvos eternos, desintegrados y olvidados. Fósiles arcaicos que no prenden chispa para alimentar a otras llamas. Rematadamente muertos.
            Y después que se desvanecen, la vida fluye caliente, fácil, ávida por inflamar otras mechas codiciosas. Fusión en rojo, en amarillo, en naranja. Fuegos de puro artificio destilados en el crisol del deseo.

7 comentarios:

  1. A pesar de lo fácilmente que se queman, esos escollos han tardado mucho tiempo en gestarse y lo bueno es que contribuirán al ciclo de la vida, aunque estén quemados y ya no ardan.
    Escribes y nos haces pensar...

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  2. Me alegro de que mi texto contribuya a elaborar tus pensamientos. Trataré de progresar en mi contribución.
    Besos

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  3. Sí. En efecto. Nos haces pensar. Pensar mucho. Vida construida en fuegos sobre fuegos que antes ardieron y solo dejaron sus cenizas. Cenizas eternas. Mantengamos los fuegos vivos, disfrutando de su sinfonía de colores y calores. Contemplar cenizas frías es una manera muy triste de vivir.

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  4. Cierto, y revolver las cenizas es una costumbre muy improductiva. Mejor avivar las llamas hasta hacerlas bailar y cantar. ¿Brindamos por el fuego eterno?

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  5. Qué bonito, qué poético. Me viene a la mente la imagen, descrita por Manuel Leguineche, en uno de sus libros de viajes, de un santón iraní de creencias zoroastrianas. Los zoroastrianos son seguidores del legendario sabio Zoroastro (también llamado Zaratustra), veneradores del fuego.

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  6. Gracias, Claudio, alucino con el poder del fuego y sus metáforas.

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