martes, 5 de abril de 2011

Doble o mitad

El restaurante estaba casi vacío a esa hora, todavía algo pronto para cenar. El camarero me ofreció una mesa dispuesta para cenas solitarias de viajes exprés. Llamó mi atención el vestido de la mujer que ocupaba sola otra mesa porque me había comprado uno igual la semana anterior, menos mal que no lo llevaba puesto. Bueno, qué se le va a hacer, los hacen en serie, pensé. Odio ver mi ropa repetida.
            Me enfrasqué en la carta para conciliar la hambruna disimulada todo el día con caterings de fantasía y el control calórico nocturno de rigor.
            —Bacalao a la plancha con verduras, por favor.
            —¿En salsa de perejil?
            —No, gracias, solo plancha. —De todas formas, quise darme un homenaje, la jornada había sido agotadora— Y una copa de vino blanco.
            —Tenemos un Albariño estupendo, ¿le apetece?
            —Perfecto.
            Cuando levanté la cabeza de mi agenda electrónica a los vapores del pescado, comprobé que mi compañera de salón tenía en la mesa idéntico menú, el camarero le servía en su copa el mismo vino blanco, también se entretenía con sus gadgets electrónicos: si es que estamos clonados, como los adolescentes.
            Me fijé un poco más: llevaba la melena parcialmente recogida con una pinza, como me gusta hacer a mí cuando me concentro para que el pelo no me distraiga en la cara. Morena. Sí, la verdad es que su aspecto era bastante parecido a mío. Supuse que los que llevamos una vida similar acabamos identificándonos también en lo físico.
            Luego fresones con zumo de naranja, y café descafeinado, y me lo carga a la habitación. Lo mismo para ella.
A los postres ya me había invadido el desasosiego al advertir mis gestos proyectados en el moverse de la otra, en la forma de sentarse al borde del asiento, de apoyar la barbilla en el dorso de la mano izquierda,  de estirarse la nariz pensativa.
            No hice sobremesa, sola y cansada. Ella tampoco, quizá también tenía que madrugar. Me demoré pidiendo que me despertaran en la recepción para no coincidir en el ascensor, de pronto me aterrorizó la posibilidad de una conversación mimética, lo mismo me copiaba las palabras.
            Soñé que me seguía a todas partes, que me la encontraba al cruzar una calle, en el café del trabajo, en la escalera de mi casa. Que se adelantaba a mis pensamientos, que se confundía conmigo, que ya no sabía si era yo o era ella. Grité cuando me despertaron porque justo se me había metido en el baño. Es solo un sueño, cómo exageras solo porque cenó lo mismo que tú, traté de serenarme.
            Más tarde, ¡no me lo podía creer!, estaba dos asientos delante del mío en el avión, ¿acaso éramos también vecinas?
            —¡Azafata, me trae una almohada, por favor!
            En un momento la almohada fue a parar al cuello de mi doble. También trajeron la mía, pero después.
            Al llegar me fui a resolver algunos asuntos que dejé pendientes antes de irme a casa. No conseguía que me abandonara una inquietud flotante.
            Cuando abrí la puerta escuché que mi marido hablaba con alguien, lo que me faltaba, visitas, con el día que llevo... ¡Imposible! Allí estaba ella, tumbada en el sofá, en mí sofá, y él ofreciéndole cariñosamente una infusión relajante. Justo lo que yo esperaba encontrar al llegar a mi casa. Entonces, ¿era yo o era ella la que aspiraba aquel cálido aroma de menta?

5 comentarios:

  1. ÁNGELES
    No nos dejes intrigados, espero que no tardes mucho.
    Genial cada día te superas.
    Un besazo

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  2. ¡Uf!. ¡Muuy fuerte!. La obsesión que oprime, que se convierte en temores y acaba en terror. ¿Hay algo peor que dejar de ser tú porque otro roba todo lo que te ha costado en construir toda una vida?. Muy buen relato, Ángeles. Un abrazo

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  3. Siempre he creído que existen dobles de cada uno por alguna parte del mundo, pero prefiero pensar que nunca coincidiremos, y menos que se nos adelanten... Glubs.

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  4. Muy bueno, querida. La manera de plantear la historia engancha al lector (por lo menos me engancho a mí).

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  5. Espero seguir enganchándote más. Besos

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