martes, 10 de mayo de 2011

Felicidad

Qué concepto tan ambiguo, o tan amplio, o tan impreciso. Sin embargo, tan anhelado. ¿Pero qué es? ¿Qué hay que hacer para conseguirla? ¿Cómo se hace? ¿O acaso se nace? Quizá se aprenda.
            ¿Y si la delimitamos para tratar de abordarla? Por ejemplo, me han contado que seremos felices si estamos satisfechos con el pasado, alegres en el presente e ilusionados con el futuro. Pero me pregunto, ¿cómo sabremos que la hemos aprehendido? Y si nos falta una pata del trípode, ¿estará necesariamente incompleta?, ¿no podremos alcanzarla? ¿No hay nada más qué hacer? ¿Es el destino preescrito?
            Pues depende. Depende de si nos hacemos responsables de lo que queremos o culpabilizamos a los otros de lo que no tenemos. Depende de si nuestras fantasías son proporcionales al trabajo que realizamos para conseguirlas o son ensoñaciones vanas que pretendemos se materialicen con la intervención de las hadas. Depende de si pensamos en una felicidad empaquetada, prediseñada según el estándar vigente o si nos planteamos la que deseamos para nosotros, única, no intercambiable, no comparable, individualizada.
            Satisfechos con el pasado, y si no, qué más da, no volverá; alegres en el presente, podemos hacerlo, modificar lo que nos lo impide; ilusionados con el futuro, sí, elaborando un proyecto a medida de nuestras posibilidades y ejecutándolo según lo planificado. Claro que podemos hacer algo, siempre: pensar en lo que tenemos para que crezca más que lo que no tenemos; disfrutar de las pequeñas cosas de todos los días; no esperar, mañana es hoy; querer sin pausa, sin límite, sin mirar a quién.
            No hay felicidad sin amor: de madre, de padre o de hijo, de amante, de amigo, al trabajo, a los versos, al aroma del salitre o de la yerba recién cortada, a tierra mojada, al hogar, al café de la mañana, a sábanas compartidas, a la piel recién lavada. El resto son artefactos efímeros, insustanciales y hueros.

6 comentarios:

  1. Buenísima reflexión y muy bien llevada. "...pensar en lo que tenemos para que crezca más que lo que no tenemos...": ¡Genial! Disfrutar en el camino más que en la meta, sería otra forma de vivir cada día más feliz.
    ¡Ah! Y gracias por enseñarme una nueva palabra: "huero". No la había oído y me gusta.

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  2. Qué pocas veces nos paramos a pensar acerca de la delgada línea que separa la felicidad de la infelicidad, de lo que nos hace vivir frente a lo que nos hace sobrevivir.
    Estupendo, Ángeles. Soy un poco más feliz después de haber leído esta fantástica reflexión.

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  3. Sí que es una gran reflexión, todos perseguimos de una u otra manera la felicidad y realmente solo se necesita, como bien dices, dar amor, sin esperar a devoluciones.

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  4. Gracias, Miguel, estoy contigo en que la felicidad está en el camino, el final lo conocemos todos y también es una forma de exigirnos vivir al día (dadas las alternativas...). Me alegro de haberte aportado una palabra nueva.
    Gracias, Ana por tus reflexiones felices.
    Gracias, Marimer, eso creo que lo compartimos todos, que no es posible ser feliz sin amar.
    Un abrazo

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  5. Bienvenida de nuevo al papel. Cómo se ve que este tiempo de asueto te ha permitido reflexionar junto a las mieles del premio. ¡No está mal...!

    Rodrijul

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  6. Gracias, Rodrijul por tu fidelidad.
    Un saludo

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