martes, 7 de junio de 2011

Esculturales

Ella nunca tuvo un interés especial por conservar su figura esbelta, ni por beber lo elixires de la eterna juventud, pero sí estaba muy interesada en él. Por él lo haría todo, lo dejaría o tomaría todo. Un amor sin condiciones a su varón escultural con el que tenía que hacer juego. Sin límites.
            Él siempre estuvo de su lado acompañándola en las inaniciones a las que se sometían para purgar culpas calóricas. Los dos guapos, los dos flacos, los dos atléticos contorneados de gimnasio constante.
            Con los años, él la fue introduciendo en tratamientos estéticos cada vez más invasivos hasta dejarse seducir por la cirugía. Suspender el paso del tiempo para fantasear con la inmortalidad, la muerte no osaría acercarse a cuerpos tan jóvenes y perfectos.
            Aceptó el quirófano sin resistencia, convencida también de la felicidad estética, y se dejó hacer por aquel cirujano tocalotodo. Era el mejor, el más recomendado, el más caro. El dinero no importa, le dijo él, qué bueno es, por mí hace cualquier cosa, pensó ella.
            Y así fue, una intervención sutil a la vez que eficaz. La dejaron inmaculada, tanto que resultaba irreal, un cuerpo imposible, intocable. No tocado, virgen, desconocido. Un cuerpo sin la humanidad que imprime el paso del tiempo, como una estatua plastificada que no dice nada.
            No entendía cómo se había quedado impotente para gozar de aquel cuerpo que también era obra suya, pero no podía. Una mujer sin sexo. Las esculturas son bellas, pero no excitan, son solo para ver, está prohibido tocarlas.
            Dice que adivina donde están las imperceptibles cicatrices de la impostura.

4 comentarios:

  1. Triste vida sexual la del que busca alimentarla en la perfección del cuerpo del ser amado. Mucho más excitante recrearse en las cicatrices que el paso del tiempo se encarga en cincelar. La belleza perfecta es vacía. La belleza imperfecta es la que está llena de vivencias y ensoñaciones que disparan la efervescencia de los sentidos.

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  2. Gracias, Miguel, la perfección no existe, es antinatural, ¡viva la naturaleza! Bs.

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  3. Lo que hacemos por amor!
    Las veces que intentamos cambiarnos para intentar ser lo que creemos que le gustará al otro, cuando nada de eso tiene sentido.
    Magnífico texto y magnífica reflexión.
    Un abrazo

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  4. Ángeles Jiménez14 de junio de 2011, 9:28

    Ciertamente, Ana, lo que hay que hacer por amor es amar, pero parece que no es tan sencillo.
    Gracias, un beso

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