martes, 3 de enero de 2012

Babakar

Foto: Eduardo Castro

Babakar nació con la piel oscura,  más oscura que la de su recién nacido Jant, que la tiene más clara porque su madre nació de padres blancos, y con los ojos transparentes de curiosidad y deseo. El pequeño Jant, sol en la lengua del padre, y su madre, Luna iluminan ahora las escasas oscuridades agazapadas en el alma de Babakar, demasiado ocupado en vivir para esconder sombras.
            A Babakar le gustaba, le gusta, su territorio africano, el sol que se trajo puesto en el cuerpo cuando decidió aventurarse a explorar territorios  prometidos más al norte, repletos de imposturas que nunca formaron parte de sus anhelos, pero que le despertaron tentaciones adolescentes.
Luna también es africana, pero de más arriba, de donde el sur empieza a convertirse en norte, de donde el sol a veces se oscurece y no quema tanto la piel, de donde algunas veces la gente recuerda que la tierra no pertenece a nadie porque es de todos y que todos podemos vivir en cualquier parte porque somos de cualquier parte, de todas partes.
            Luna habita una isla que no aísla sino acoge y Babakar ya forma parte de ellas, de la mujer y de su otro pueblo, porque se aporta a sí mismo, sus manos, sus pensamientos, sus proyectos, sus pasiones, sus palabras. Aporta su amor íntegro, de toda la vida. Ahora tiene más cosas que ofrecer, regala a su hijo.

7 comentarios:

  1. Una historia de desarraigo para renacer y que termina teniendo final feliz. Hay que contar más estas historias, quizás así crezcan nuevos sentimientos en los ciegos corazones de quienes les rodeamos. Excelente, Ángeles por abrir nuestros ojos.

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  2. Gracias, Miguel, el post lleva una foto adjunta que colgaré en cuanto me den permiso.
    Un beso

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  3. Buena descripción de un fenómeno frecuente. Un acercamiento a la realidad ignorada, no desconocida. Un acierto en sí mismo.

    Un cordial saludo.

    Rodrijul

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  4. Una maravillosa historia maravillosamente escrita.
    Gracias, Ángeles

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  5. Gracias, amigos, y bienvenidos a este nuevo año blogosferico, besos

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  6. Esta foto no nos la podíamos perder. Ha valido mucho la pena esperar por ella. Es una foto que ya de por sí habla. Gracias por enseñarla.

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  7. Gracias, Miguel, yo también pienso que mereció la pena la espera.

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