martes, 29 de mayo de 2012

Como con manchas


Teresa llegó tarde y agitada, extraño con la ilusión que le hacía la boda de su amiga Aurora, pero se recompuso en seguida, se colocó el vestido y el tocado y a desplegar sonrisas.
-Qué guapa, no me dijiste que fueras a venir de rojo, aunque con lo que te gusta... -le saludó su amiga Blanca.
-Sí, fue un cambio de última hora.
-Originales esas manchas abstractas.
-¿A que sí?
-Se te hizo tarde, ¿dónde estabas? Nos empezabas a preocupar, tú que nunca te retrasas.
-Digamos que me entretuvo un asunto doméstico.
-¿Elías otra vez? Lo de siempre. ¿No quiso venir?
-No pudo.
-Bueno, luego me cuentas. ¿Tú qué tal estás?
-¿Yo? Estupendamente, no puedo estar mejor.
A Blanca le sonó forzado el comentario, sabía de sobra que la relación entre ellos transcurría entre tempestades y calmas tensas desde hacía mucho, pero la verdad es que Teresa estaba radiante, así que lo dejó estar, luego hablarían.
Ceremonia civil de trámite, como son ahora estas cosas, ya se sabe, es mejor para Hacienda, y celebración posterior con amigos, amigastros y los familiares imprescindibles. Era el segundo matrimonio de ambos, así que todo fue bastante comedido, sin pétalos ni tules vaporosos. Un evento discreto y maduro, acorde a los tiempos modernos, nada de romanticismo poético prediseñado. Lo pasaron bien.
-Teresa, ¿me llevas a casa? No traje el coche -mintió Blanca que no las tenía todas consigo respecto a esa crisis aguda de bienestar que embargaba a su amiga.
-Claro, además, tengo tiempo, no me espera nadie.
Blanca pensó que se refería a que por fin iban a separarse, pero eso ya lo había oído otras veces y Teresa no estaba tan contenta, ¿Tendría un amante? Lo iba a averiguar, se lo confesaría, no tenían secretos de esa índole.
-De verdad que ese vestido como con manchas rojas te sienta genial -empezó Blanca tratando de iniciar la conversación desde la periferia.
-No, Blanca, no es como con manchas rojas... ¿Por qué te crees que llegué tarde a la boda de una de mis mejores amigas? Por algo importante sería, ¿No? -Sugirió Teresa críptica- Ya te dije que me entretuve arreglando un asunto doméstico, definitivamente, ahora sí.
-¿Te vas a separar de una vez?
-Ya me he separado, querida, definitivamente, te digo.
-Bueno, ¿quieres que te acompañe al abogado?, sabes que soy una especialista -comentó Blanca colaboradora.
-No necesito un abogado, necesito a alguien que me ayude a limpiar el garaje, ¿puedo contar contigo?
-Desde luego -contestó Blanca sin fisuras una vez superada la estupefacción-, era un cabrón.

6 comentarios:

  1. Así, como a mí me gusta: sangriento y fashion a la vez.
    Eres única!!

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  2. Gracias, Anita, y perdón por robarte algo de sangre, con lo que te gusta...
    Besos

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  3. Gracias, niña-mujer, un placer verte por mi blog.

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  4. Es bueno.
    Continúa esa línea de trama desenlazada al final, que gusta.
    Saludos Cordiales.

    Rodrijul

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  5. Gracias, Rodrijul, trataré de seguir sorprendiéndote.

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