martes, 10 de julio de 2012

En calma

El ojo del huracán está en calma. Silban de cerca vientos tentados de moldear perfiles ya trabajados. Vientos de antes, ahora brisas casi imperceptibles, lejanos susurros de otros tiempos. Tiempos actuales de elaborada sencillez, nada simples, por eso fáciles de transitar una vez aprendido el código de sus señales.
Tiempos repletos de quehaceres multicolores, de brillos que imantan deseos de imparable progresión ascendente, deseos voladores. Sin frenos ni anclajes, el aire agitado sirve para volar; sin pegas, para despegar. Volar, navegar, circular, no parar... En calma, los deseos se entretejen para producir en cadena, producción industrial sin sudar, trabajo sin sacrificio, puro artificio cultural.
            Con tanto trabajo, es normal olvidarse del viento que insiste en tropezarse con los cristales: son inmunes a sus embestidas, impenetrables a sus absurdas llamadas con palabras de otro idioma, una lengua antigua ya no hablada. Trabajando, no queda tiempo para etéreas preocupaciones, empleado en reales ocupaciones.
Puede ocurrir que en una distracción se le abra la puerta al viento, pero tampoco pasaría nada, ni el viento pasaría, esos aires no encuentran vías de acceso a dimensiones diferentes, regidas por otros códigos, ningún lugar al que anclarse para quedarse. Es el vacío. Desconcertados, volverían a campar por sus estrechos y limitados territorios que les permiten silbar.
Podría ocurrir que la puerta no se abriera por distracción, sino por invitación, entonces tendría que decidir el viento si quiere aprender nuevas palabras para poder comunicarse con el lenguaje de otros mundos.
De hecho, la puerta está abierta, los límites establecidos, las normas claras y precisas. De este lado de la frontera, las leyes deben respetarse, si no, siempre podrá continuar revolviéndose sobre sí mismo por toda la eternidad para permanecer inmóvil en lugares repetidos.

8 comentarios:

  1. Bonita entrada Ángeles.

    Abrazos desde mi mar,

    ResponderEliminar
  2. Mientras leo tu relato, veo las palmeras doblarse al paso viento detrás de la ventana. Desde aquí no parece que las azotara, sino que más bien bailara con ellas. Las cortinas dentro, permanecen quietas, aunque de vez en cuando se mueven, acariciadas por un toque de aire que se escurre por alguna rendija, que el tiempo y el uso han dejado como cicatrices en mi ventana. Parece que el viento quiere, que me pide que le deje entrar, pero hoy lo veo muy revoltoso. Prefiero quedarme aquí y mirar cómo se arremolina en su desesperación antes que permitirle que se enrede en mi pelo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mi querido amigo, tu mirada y tus palabras son pura poesía, trataré de sugerirte muchas más para que abones con ellas mi blog.

      Eliminar
  3. Presunto contenido poético en este relato, que parece querer salirse de la prosa para acariciar versos sin rima y sin métrica, evitando traicionar a voluntad, la supuesta vena poética de de su autora ¿Resistirá ella?

    Rodrijul

    ResponderEliminar
  4. Qué bonito. Ya veo que no pierdes práctica.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, amigo, no dejes de practicar pasearte por mis letras.

      Eliminar