martes, 17 de julio de 2012

Involución


El pueblo se había mantenido tal cual desde hacía siglos, como si se hubiera quedado colgado en el tiempo, como si no se recuperara de la parálisis de algún susto siniestro que solo pudo transportar el viento.
Vivían en el mismo corazón del Atlas, entre nieves y arenas, un mundo de contrastes sin matices: fríos y calores eternos, para siempre, inapelables, predecibles, tranquilizantes -es tranquilizador seguir los designios de lo divinamente escrito, la responsabilidad se diluye.
Las familias repetían vidas por costumbre, intercambiables de pura similitud, sin que las nuevas generaciones aportaran nada a las precedentes, sin evolución. No se avanza si no se cambia de familia, así se crea la cultura, rompiendo con lo precedente, o añadiendo o reelaborando o replanteando. Si no, el mundo se hace estrecho, siniestro, paralítico.
Las mujeres se ocupaban de la casa, de los hijos, de los campos; los hombres se ocupaban de ellos haciendo como si se preocuparan por ellas. Así de incuestionable había sido siempre.
Pero el aire de las montañas no es impermeable a los nuevos vientos y alguna brisa renovadora llegaba de vez en cuando. Los hombres la emprendieron con el generador de electricidad que uno de ellos heredara de un pariente que emigró a Europa. ¡Funcionaba! Lo siguiente fue el televisor para continuar ocupándose de ellos mismos mirando al exterior a través del fútbol, así podían seguir fantaseando inmóviles. Las mujeres protestaron, eso ya era el colmo de la discriminación, ellas también querían disfrutar de los avances de la comunidad. Los hombres lo hablaron entre ellos, era mejor contentarlas de alguna manera a que las protestas subieran de tono. Uno propuso comprarles una lavadora para ahorrarles el trabajo de ir al río a lavar a mano. Las mujeres pusieron el grito en el cielo, de ninguna manera las iban a privar del rato agradable que pasaban todas juntas lavando lejos de sus inquisitoriales maridos. Además, ellos lo que querían era tenerlas cerca para controlar hasta sus pestañeos, no fuera a vislumbrarse algún atisbo de rebelión que alterara la paz de aquellos valles.
No, nada de lavadoras, al final negociaron otra televisión para las mujeres, así podrían evadirse contemplando vidas que no habían sido escritas para ellas. Entonces, las conversaciones giraron hacia los argumentos de estas vidas inventadas.
Algunos también llaman a esto evolución.

3 comentarios: