martes, 24 de julio de 2012

Rojo flamboyán


En blanco, el día amaneció blanco y aplanado. Pero no, no iba a ser así todo el día, de ninguna manera, sabía cómo darle color. En verano es fácil colorear con el calor. Bajé a la plaza y ahí estaban, no fallaban, fieles a sus obligaciones rojo flamboyán: teñían de colorado hasta el suelo con las flores que dejan caer sobrados, condescendientes con los visitantes, sabedores de sus encantamientos. Y los viandantes percibían de alguna manera sus artes hipnotizadoras y se dejaban hacer.
Era difícil no sucumbir a la cálida acogida bermellón que se percibía en las venas nada más poner un pie en la plaza. Lo sabían los vecinos y lo sabían los que alguna vez la pisaron despistados. No era algo que se dijera, no era una voz que lo proclamara, ni siquiera era algo consciente para los que alguna vez se habían pasado por allí, pero era tan real como los bancos, el quiosco de la prensa o el buzón de Correos para nostálgicos instalados entre ellos. Parecía que el resto de la plaza y hasta el mismo barrio se hubieran organizado en torno a ellos, y que ellos se supieran el centro de aquella parcela del mundo pero no ejercieran su poder más allá de los límites de su ramaje.
Una pareja que discutía al cruzar la calle se deshizo en arrumacos a la sombra de sus hojas de flecos; una anciana abandonó su andadora para pisar los pétalos desgajados; el gruñón repartidor del gas soltó la bombona para ayudar a unos niños a subirse al columpio; la agria solterona del quinto devolvió a los aprendices el balón con que la golpearon porque tampoco le dieron tan fuerte...
De noche era distinto, no funcionaba el hechizo a la luz de la luna. Todos sabían que había que abandonar la plaza al oscurecer: las sombras de los árboles cobijaban noctámbulos provocadores de ruinas que se esmeraban en cultivar opuestos, como la noche y el día; sombras agitadas por los alisios que dibujaban inquietantes figuras que tanto podían ser como no ser, pero que alguna vez fueron.
El grito de la mujer desgarró la oscuridad como un relámpago, al día siguiente nadie parecía recordarlo, nadie la echó de menos. En la plaza, todo volvía a ser cálido, envolvente, veraniego. El fresco del alisio también soplaba de día. Tanto pudo ser como no ser.

7 comentarios:

  1. Los viernes tengo un lugar predilecto,los veo de un jardín por las copas,que delicia es,ver lo redondeado del rojo por arriba de sus hojas verdes.Toto

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  2. O sea que pudo ser o no ser. Siempre algún vampiro viene a liarlo todo. Cualquiera planta un falmboyán en su vida.
    Me ha gustado mucho.

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  3. Tanto pudo ser rojo-sangre o rojo-flamboyán, nada es perfecto.
    Gracias, bloggeros

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  4. Rojo flamboyán, rojo sangre, rojo grito rompiendo la noche. Sombras acechantes para dotar de colores a la oscuridad. ¡Qué más se puede pedir para disfrutar de una gran historia! Si es que lo digo siempre: tejedora de palabras.

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    1. Gracias por compartir mis sombras rojas, mi querido amigo

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