viernes, 14 de septiembre de 2012

Encuentros de otra dimensión


La bruja de la peluca rojo tomate se me plantó enfrente con las manos en jarra. Las chapetas rojas de colorete le encendían toda la cara. Los abalorios dorados, que parecían encorvarla con el peso de llevarlos siempre al cuello, le arrancaban destellos amenazadores desde el pecho. El único diente que le quedaba delante también intimidaba postizo. Iba toda de rojo granate, hasta las pesadas piernas varicosas terminadas en uñas de rapaz que le sobresalían de las alpargatas rajadas. Llevaba algo largo empaquetado en la mano. El que fueran las cuatro de la tarde no era distinto de que fueran las cuatro de la mañana y me la tropezara sola en la calle. El combinado irracional me detuvo en seco, un encuentro casual...
Me habló con la voz carrasposa de los que se descuidan de vicio:
–¡Oye, guapa! ¿Dónde conseguiste la escoba plegable de bolso que llevabas el otro día? Solo he podido encontrar esta y no se cierra.
No lo podía creer, ¡me la había visto!, de ninguna manera iba a darle pistas para que se copiara. Me desaparecí sin cortesías.
Hay que ver con qué pintas son algunas capaces de presentarse en la calle.

1 comentario:

  1. Me encantan estas brujas rebrujas de escobas plegables!!!!

    ResponderEliminar