martes, 9 de octubre de 2012

Muerto de risa


Antonio no era muy dado a la risa, de hecho podría describírsele como de natural melancólico, tristón. Su carácter doliente se le imprimía en el rostro siempre cabizbajo, siempre quejumbrón. Nunca encontraba motivos suficientes para esforzarse en tratar de mover la pesada losa gris con la que se cubría para apartarse de los brillos de la vida. Y si alguna vez atisbaba un rayo luminoso colándose por una ranura, se disponía presto a sellarla para que no osara volver a amenazar su trabajada guarida. ¿De qué iba sí no a quejarse? ¿A qué se dedicaría, entonces? ¿Hacerse otro lugar? ¿Elaborarse otra identidad? ¡Qué pereza, si él estaba gozando!
Qué faena la de aquel programa de televisión, si es que ciertamente algunos contenidos deberían estar censurados, ¡a quién se le ocurre colocar un programa de humor a la hora de la cena! ¿Es que nadie pensó que pudiera ser peligroso? Panda de negligentes...
Pues eso, que con la costumbre de ver la tele mientras cenaban no percibió el peligro, no notó la inquietud premonitoria que solía avisarlo cuando se avistaba algún brote de vida por el horizonte. Sin querer, casi sin darse cuenta, empezó a meterse en los argumentos disparatados de los actores cómicos, destartalados, desenfrenados, desinhibidos... La sonrisa costó un poco, la risa, algo más, la carcajada no salió a la primera, pero luego ya se hilaron espontáneas. Y rió y rió hasta que, de poca costumbre, perdió el conocimiento: "Ve, doctor, como lo mío no se cura animándome. Ande, recéteme otra vez esas pastillas".  

8 comentarios:

  1. un toque de ironía y humor, me encantó
    Abrazos

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  2. Gracias, Aniagua, me alegro de que te gustara y de verte por aquí.

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  3. Muy bueno Ángeles. Me entró la risa.....

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  4. Gracias, Eva, psicopatología de la medicina cotidiana...

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  5. Quien dijo que la risa es contagiosa tenía razón: está más cerca de la enfermedad que de una sana costumbre. Pero para eso estamos los que siempre queremos estar enfermos. A ver cuándo tipifican la baja por absceso carcajesco. Seguro que más de cientos llenaríamos las salas de espera de las consultas, y terminaríamos todos contagiados, hasta los celadores y las limpiadoras, y este país no tendría fondos para arremeter los gastos derivados de tanto enfermo. Terminaría también por enfermarse el país, enfermarse de la risa, y todos carcajeándonos de la situación, hasta la mismísima Merkel se reiría de una puñetera vez,... ¡Qué cosas!

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  6. Eso, eso, viva la enfermedad infecto-contagiosa de la risa. Comunidad científica, no se moleste, no encontrarán vacuna ni antídoto, esto es el fin... de tanta mandanga de crisis económica.

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  7. ¿Porqué no le recetamos unos "cigarrillos de la risa"?, de esos que se consiguen en cualquier esquina traídos desde el moro. Igual... jajajaja

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  8. Sí, sí, casi mejor, se ve que este estaba más hecho a las pastillas...

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