martes, 16 de octubre de 2012

Otro asesino hipocondríaco

El otro

Ya está, decidido, me voy a reconvertir profesionalmente al asesinato por encargo, que yo creo que eso no entrará nunca en crisis. Listo, eso es, ni oficinas de empleo ni cursitos de orientación ni nada, que no puede ser tan difícil, lo hace cualquiera, si es una profesión muy antigua, no tanto como alguna que otra, pero es bastante antigua. Me hago una wikibúsqueda y me pongo al día en un plisplas, seguro que hay formación on line. Y si no, empiezo y voy improvisando, que tan difícil no será, seguro que no.
Pero hay que ver como se puso mi Lola cuando se lo conté: que a quién se le ocurre, que yo no sirvo para eso, que dónde voy yo a trepar por las ventanas con mis dolores, que si yo no encuentro nada en casa cómo me las voy a arreglar en casa ajena, que de quién iba a aprender si no conocía a ningún maestro –lo de la autoformación no la convenció nada nada–. En fin, nivel de apoyo en números rojos, encima que era una idea para sanear la economía doméstica... ¡Quién las entiende!
Bueno, pues yo me lancé, y ¡qué lance! Quizá me equivoqué al elegir aquella casa con tantas escaleras, cuando sé perfectamente que mis rodillas no las toleran, como dijo mi Lola. Por eso con el silencio de la noche no es de extrañar que el recuqui del señor de la casa se despertara y me apareciera en calzoncillos armado con la escopeta de caza encañonándome el entrecejo, ceñudo que lo tenía yo de tanto dolor: ¡ay, ay, ay...!, fueron mis únicas palabras. Aunque si no hubiera sido por el encañonamiento, y por el dolor de rodillas –y la cabeza también me dolía un poco pero ya casi se me estaba quitando–, pues era para partirse de risa de ver aquellas piernitas de fideo lampiñas, igual que la cabeza despeinada a lo científico loco recién levantado del microscopio.
En fin, que ahora ando metido entre rejas por allanamiento de morada y con el piernas aquí al lado encerrado por amenaza de asesinato con nocturnidad, no se me ocurrió otra cosa que denunciarle, y no iba a ser yo el único afectado, vamos.
Cuánta razón tenía mi Lola, como siempre.

4 comentarios:

  1. Es que semos así, nos empeñamos en no hacerles caso y claro...

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  2. LO QUE ME HE REÍDO!!!
    Ay, ese asesino dolorido y doloroso! Y esa omnipresente Lola!!!
    Qué recuqui, digo, rebueno!!!!

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  3. ¿Que no es tan antigua como otras...? NO sé, salvo la profesión de dios, padres e hijos, esta es la siguiente, o que se lo digan a Caín, que también debió necesitar algunas clases, porque -digo yo- quién le manda hacerlo así, a la luz del día que todos se enteraron.
    Me he reído mucho. Me ha gustado mucho. Y si resulta que ves a Lola le dices que le diga que casi mejor que se meta a abogado, no tiene precio.

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  4. Gracias, amigos, por tanta comprensión, sabía que lo podía compartir con ustedes.
    Mil abrazos

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