miércoles, 15 de mayo de 2013

Cuerpos presentes


La morena cuarentona de labios bembones y caderas tropicales que acompañaba a la anciana resultó ser la hija, aunque aparentaba ser la cuidadora. Las dos mujeres contrastaban: la más joven era corpulenta, con la exuberancia bien servida que derrochan los nacidos en el trópico, quizá más cuerpo para repartir mejor el calor, ese calor que todo lo hace grande; a la mayor los años la habían consumido, tenía la tez pálida, el pelo claro, los ojos trasparentes, aguados, como a punto de llorar una pena. No se adivinaba que pudieran ser familia.
A la madre la contrariaban los amoríos de su hija con un mulato –ahora anda con ese moreno que la sigue a todas partes–, a la hija no –pero si la acompaña a usted a donde quiera ir–, que no –claro, porque no trabaja, es un mantenido–, que sí –a mí no me importa trabajar si él se ocupa de la casa y de usted–. La madre no quería intrusos.
La anciana lo que no quería eran recuerdos indiscretos fisgoneándole el presente, mirándola por encima del hombro, cuestionándole sus indecisiones. No soportaba tropezarse en la mirada brillante de la hija con su propio brillo apagado hacía más de cuarenta años. También moreno, grande, danzón. Vino pero no se quedó, y ella no lo acompañó porque debía cuidar a su madre. Eligió amores primarios, cómodos pero improductivos. Le dejó su legado genético para que no lo olvidara, como muestra de que no fue producto de sus fantasías, sino absoluta realidad de cuerpo presente. Y así fue, se lo instaló en el alma y convivió a escondidas con él.
La hija le debía la misma fidelidad y se atrevía a traicionarla sin culpas, ¡con todo lo que había hecho por ella! Qué ingratitud.

2 comentarios:

  1. Impresionante cómo se puede estar tan ciega, cómo el fracaso puede hacer que no veas que estás mirándote en tu propio espejo.
    Cuánto rechazo puede sentir uno por sus propias acciones fallidas.
    Magnífico, Ángeles!

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  2. El repetir aprendido, el olvidar obligado, así es la vida cuando no se quiere ver.
    Gracias, Ana.

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