domingo, 15 de septiembre de 2013

Quién le puso el cascabel a Luna I


Luna es blanca y negra, como si siempre estuviera en cuarto creciente de barrigona que se ha puesto. Barrigona y chismosa, que de todo se alimenta la muy cotilla. Claro que sus movimientos se restringen a las visitas al domicilio de sus vecinos para espiarlos. Menos mal que a alguien se le ocurrió ponerle el cascabel para avisar de sus intrusiones en lo ajeno, que lo de sigilosa no lo ha perdido en su progresiva humanización por la convivencia comunitaria. Es de tanto escuchar conversaciones que su fisonomía se ha mimetizado con la de los vecinos hasta la humanización gatuna más impresionante que se haya descrito, ahora ya solo le falta hablar para además hacer sus aportaciones, no nos queda duda de que ya estará en ello. Es lista, la gata, lista y mirona.
         Conoce los detalles de cada familia, de hecho pensamos que además los trastoca, cuando aprenda a hablar vamos a estar perdidos, no parece discreta precisamente. Nadie podría asegurarlo, pero Jaime juraría que había pintado de verde la cancela que ayer amaneció azul y que ese sofá anaranjado que hay en su salón no lo compró él, sino que lo vio en la casa de su vecina Mónica, la del cinco; Mónica no sabe por qué su coche es gris, cuando no le gusta ese color, sin embargo le encanta el rojo-flamboyán del coche de Mariluz y juraría que ese coche era suyo, además de que Mariluz insiste en que nunca le ha gustado el rojo; pero lo peor es lo de Antonio, que anoche me confesaba que casi podría garantizar que él no se había casado con Mariluz, aunque las fotos del salón parecieran confirmar lo contrario, que casi juraría que su mujer era yo. Lo peor de lo peor es que a mí no me sonó extraño y le contesté que me lo pensaría y que debíamos ir tomando cartas en este asunto. Ya nadie duda de que el asunto parte de la vecina matizada.
         Se impone una reunión urgente de la comunidad de vecinos, pero cómo vamos a dejar a la Luna fuera para tratar el tema con comodidad. Leería la convocatoria, aprendió leyendo la publicidad que dejaban en el buzón y ahora se ha pasado a la biblioteca de Antonio, que es profesor de Literatura, aunque ya no sé bien en manos de quién estarán esos libros con esta gata enredadora.
         Estamos pensando convocarla un lunes, verbal y discretamente para que no haya constancia, porque a la gata parece que se le está quedando corto el vecindario y la hemos visto que se va al conservatorio los lunes por la tarde, nunca falla, se ve que está entusiasmada con la música váyase a saber de qué instrumento, esperemos que no sea la batería o se le ocurra pretender que le consigamos un piano.
         Antonio dice que como la vea estudiando inglés, se muda.
Continuará...

4 comentarios:

  1. Adoro a esta gata cotilla y manipuladora. Para cuándo la parte II? No puedo esperar a saber en qué berenjenales meterá a los vecinosm si es que no se muda de barrio, para conocer mundo...

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  2. Me encanta esa mirada de gato, esa mirada oblicua, vertical. Mimetizada en el entorno, contorneada con los contornos. Ideal para ver y luego contar. Espero que hable, pero no en inglés, por favor. Bueno, si es en inglés, mientras me hable despacio, me apunto a escucharla. A por la parte II.

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  3. Hasta los gatos están aprendiendo inglés en este país y esta gata no se va a perder nada de nada, ella es una más...

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  4. Ah, animalitos... De pequeños "tuvimos" gatos. Las comillas son porque ellos no llegaron a reconocer nunca nuestro dominio sobre su libre vida. Se llamaban: Chino, Pedro, Perlita, Blanquita, Botitas Blancas, Lince... ¡Qué recuerdos!

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