martes, 1 de octubre de 2013

Enamorado de la Luna


La reunión de ayer no tuvo desperdicio, yo me preguntaba quién estaría más loco, o quién habría enloquecido primero, la gata o los vecinos, y si yo estaría también algo loca. Al final ya no sabíamos ni para qué se había convocado: Jaime, que él sin su tablet no podía levantar acta; Mónica, que tenía prisa porque le traían su nuevo sofá de última generación color mandarina; Mariluz, que iba a recoger al chapista su repintado coche color gris-amatista, que el rojo le alteraba los nervios y no entendía cómo se le había ocurrido comprar un coche tan escandaloso; Antonio, que tenía un lío de fotos y portarretratos que no encontraba la forma de desenredarlo; y a Don Pedro nadie lo sacaba del cable, que él quería un cable nuevo, que tenía sus derechos…
Yo me dediqué a tratar de centrarlos a todos en el problema que teníamos con la gata, pero claudiqué cuando la vi pasar por la ventana de la pata de Ken, el gato del chalet de arriba, el de la piscina, que la cuqui esta no se iba a liar con cualquier gato callejero. Se ve que estaba de amoríos y no fue al conservatorio, que lo primero es lo primero y esta es de prioridades. Me quedé pensando si debía alertar a los dueños de Ken o dejarlo estar. Lo dejé estar, ya se darán cuenta de la felina nuera que anda tras los pasos de su lustroso minino, que en estos asuntos es mejor no meterse, que luego van y piensan que son envidias.
Me fui a casa a intentar organizarme la memoria, ¿desde cuándo Mario era mi marido? ¿Antes o después de la llegada de la gata a la urbanización? ¿Y quién la trajo?, porque ahora nadie había sido. No conseguía recordar nada de antes de la invasión lunera, así que claudiqué por segunda vez la misma tarde y me puse a leer El maestro y margarita, que también va de un gato-brujo, por si me daba ideas. Llegué a la conclusión de que Popota, el gato protagonista, era un aficionado comparado con nuestra Luna. Aunque podían ser parientes, quién sabe, se me dio un aire…
En eso se me ocurrió que lo mismo era más efectivo tratar de reubicarnos en los recuerdos a partir de cosas concretas, que igual de esa manera recuperábamos los eslabones que rompió la loca blanquinegra, así que escribí en el tablón: ¿quién le puso el cascabel a Luna?
Esta mañana no vi ninguna respuesta en el tablón, pero en mi muro de Facebook había ciento treinta y dos me gusta y veintiséis comentarios, todos con una imagen de gato en el perfil, junto a la misma pregunta que alguien desconocido colgó para mí. ¿Es o no es para inquietarse? Tengo que revisar la seguridad de mi perfil.

5 comentarios:

  1. Esta luna-lunera es impresionante. Hasta sabe elegir novio!!!
    Me chifla Luna!

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  2. Gracias, amigos por compartir el encantamiento de las palabras brujas.

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