domingo, 10 de noviembre de 2013

Muchas vidas tiene una gata

En el duermevela de la siesta ocurrió, por fin una señal, la anunciación del advenimiento de la gata-vaca. Una visión se me apareció para hablarme, la tía-bruja lo tenía todo previsto. Organizó su gran día con esmero, el día de su presentación en sociedad. Me lo anunció en el sueño, no sé si para avisarme o para confundirme más, que con esta no se sabe. Me habló como una profeta bienintencionada, pero me desperté inquieta, una felina alegadora no deja a nadie tranquilo cuando te viene con sutilezas de pata blanca.
­            –No estás loca, los demás tampoco, pero enloquecerán si continúan negando mis derechos ciudadanos a la vivienda digna, a la libertad de expresión y a la libre deambulación.
–¿De qué libertad hablas, gata atrevida?, ¿de tu libre deambulación por las casas ajenas? ¿Dónde has aprendido de derechos sin deberes? –Le contesté alterada, entre sueños diurnos.
–Podemos llevar una convivencia pacífica, basada en el respeto y la colaboración mutuos –dijo segura de sí, convencida de su propuesta evidentemente extraída de lecturas políticas de última generación.
–¿Ah, sí? ¿Y eso en qué consiste?, si se puede saber, ¡qué sabrás tú de convivencias colaborativas!
–He leído mucho, seguro que más que ustedes y nadie les dio el apto para la vida comunitaria –siguió sin arredrarse, documentada, ya les dije que es lista la peluda.
–Vamos a ver –comencé tratando de centrar la demanda, soñando y todo–, podrías empezar por explicarme si tú y tus seguidores han tenido algo que ver con la saturación de mi muro de Facebook de esta mañana.
–Tenía que prepararte para esta conversación –continuó sin inmutarse.
–¿Y con el trastocar de personas y cosas de los últimos meses, desde que llegaste? Por cierto, ¿de dónde llegaste?
–Sabes que los gatos tenemos siete vidas, y las gatas más.
–Ya veo que esta has decidido vivirla entre nosotros –empezaba a caerme bien la bicolor, pensé que lo mismo era una interesante propuesta vecinal, además, seríamos la envidia de las urbanizaciones: una gata habladora…–, ¿cuál es tu proposición?, ¿dónde quieres instalarte?
–Quiero ser la presidente de la comunidad.
–¡En serio! –Estupefacta es un eufemismo– No lo entiendo, pareces lista, nadie quiere ser presidente de las comunidades de vecinos, de hecho, nadie quiere ir a las reuniones de las comunidades de vecinos, ¿para qué quieres presidir esta?
–Pues para imponer un poco de cordura, son buena gente estos vecinos y me gusta la zona. ¿Qué pensabas, que me iba a ofrecer para cazar ratones? –La muy pija me leyó la cara.
–¿Y qué quieres que haga yo?, ¿que apoye tu candidatura? –no pude evitar el sarcasmo.
–Exactamente, a Ken y a mí nos pareció que tú eras la más abordable, eres sensata y cabal, pensamos que contigo se podía dialogar –lo que me faltaba, una gata dorándome la píldora.
–No hace falta que me engatuses –me puse práctica–, te cambio el apoyo por información.
–Fácil.
–Dime quién es mi marido, que por tu culpa convivo en la confusión más desconcertante que a alguien menos elaborado que tú se le pudiera ocurrir.
–El mismo de siempre, no te dejes engañar por pescadores en río revuelto –ingeniosa, la gata.
–Muy bien, mañana convoco otra reunión urgente y tú te las ventilas con ellos, cuenta con mi voto. ¿No querrás que además te haga campaña? –Ahora me pareció a mí leerle los bigotes.
–Bueno, algo habrá que hacer para que acepten escuchar un discurso gatuno así como así.
–Así como así no, que llevan meses alucinando gatas intrigadoras, irán con cierta preparación.
Una cosa más, Luna, ¿quién te puso ese cascabel?

–Lo llevo desde hace muchas vidas.
Fin

3 comentarios:

  1. Eso de la libertad de expresión y la libre deambulación ha estado genial. Cierto que esta coleccionista de vidas y cascabeles, sabe mucho. Se acumula la sabiduría. Es fácil tener controlada la situación cuando sabes lo que ocurre aquí y allí. A veces sólo nos pintamos una sola realidad, la nuestra, la que vemos y la otra realidad terminamos elaborándola porque la construimos a base de lo que nos cuentan y lo que nos inventamos. Yo voto también por esa gata porque de ese vecindario sabe un rato. Y por cierto: me imagino a todos los vecinos con su cascabel al cuello, porque:
    En este relato,
    quien menos cascabeles tiene,
    es el gato.

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  2. Qué bueno. Estás llena de energía. Yo quiero una gata como esa en mi comunidad, para que ponga a régimen a algún que otro revoltoso que hay por aquí.

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  3. Sí, claro, para ustedes es fácil decir eso, como no tienen que sufrirla cada día cuestionándote todo. El colmo es cuando se mete con lo que llevas puesto, que si te sienta regular, que si el año pasado esa falda te quedaba más holgada; o con la hora a la que llega tu marido, que si no son horas de venir de trabajar… En fin, ya les digo...

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