sábado, 2 de agosto de 2014

Soledades estivales

Por fin han llegado los calores del verano, con olor a vacaciones, a brisas saladas, a noches de largas conversaciones sin prisa, a músicas, a fiestas, a fuegos artificiales…, que todo huele si se está atento. Lo más fácil es oler el pescado frito, para eso no hay que concentrarse, pero para oler el hablar sí, hay que ponerse. Yo lo he ido aprendiendo poco a poco, practicando: ayer se olían palabras de inicio de vacaciones, no pienso hacer nada de nada; anoche, palabras entre paréntesis, eso ya lo veremos después del verano; esta mañana, de despedida, ¿has cerrado todo bien?; y ahora de soledad, ¿le dejaste comida puesta?
            No sé por qué me alegran los primeros calores, debe de ser por contagio, a todo el mundo le alegra el sol, hasta a mi vecina Luna, que no lo entiendo porque luego se pasa los días deambulando sin planes buscando compañía. Yo no, me encierro en mi casa y espero a que pase el temporal. Sí, el temporal de soledad sin palabras, sin olores, de días lisos, estáticos, como interminablemente paralizados, con miedo a que se me paralice también la respiración y se me colapse el pensamiento. Con miedo de mí mismo.
            Pero un día, siempre me pasa igual, cuando creo que ya no voy a poder remontar, cuando me siento amalgamado con la arena de mis excrementos de donde no he tratado siquiera de apartarme de pura flojera, me llega un leve aroma a lubina, suave, sutil, dudoso, ¿lubina o cabrilla?, que luego se hace manifiesto y le siguen palabras conocidas, bulliciosamente olorosas, abre tú que no encuentro las llaves. José Manuel, mira a ver dónde está el gato… Y qué vergüenza, yo allí tirado, acabado, sin poder evitar el contento de verlos de nuevo, como la boba perrita faldera de mi vecina, sin dignidad.
             Luego me reponen el comedero con las bolitas esas de colores que compran a granel, asquerosas, y encima pretenderán que les esté agradecido, se creen que no me doy cuenta de que acaban de almorzar por ahí. Nunca me invitan, será porque ellos no saben oler mis palabras.

6 comentarios:

  1. Le ha salido un competidor a Luna. Y un competidor de lo más atractivo. Terminará esto en boda gatuna?
    Me ha encantado, Ángeles.
    Todo un tratado de olores y sensaciones que van más allá de lo que los vulgares humanos podemos describir.
    Fantástico!!

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  2. La soledad huele, vaya si huele. Nunca lo había pensado, pero vaya si tiene olores la soledad. Muy buen relato sobre la soledad de este vecino de Luna. ¿Vecino?, bueno, quizás algo más que nunca se sabe, a lo mejor un día cruce la calle y le lleve sus olores también.

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  3. Muchas gracias, amigos, me alegro de que les haya gustado mi texto, un beso

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  4. Qué divertido, Ángeles! Buscaré esta noche lo olores y silencios del verano. Besos

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  5. Muchas gracias por leerlo, feliz verano, amigos.

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