martes, 24 de mayo de 2011

Lágrimas de cebolla


Ella pelaba cebollas en la cocina cuando oyó la llave en la puerta, luego su andar dando tumbos. Dos lágrimas le desbordaron los ojos. Él se acercó desafiante a tomar lo que era suyo. Demasiado cerca. Solo se giró para protegerse, pero la mano se le fue en busca del corazón que una vez latió por ella. Lo encontró sin dificultad, blandamente. Era un viejo conocido, se sabía bien sus tonos, últimamente tan amargos.
Después, ya sin prisa por terminar la comida, se tumbó a fumar en el sofá: tendría que limpiar todo aquello.

martes, 10 de mayo de 2011

Felicidad

Qué concepto tan ambiguo, o tan amplio, o tan impreciso. Sin embargo, tan anhelado. ¿Pero qué es? ¿Qué hay que hacer para conseguirla? ¿Cómo se hace? ¿O acaso se nace? Quizá se aprenda.
            ¿Y si la delimitamos para tratar de abordarla? Por ejemplo, me han contado que seremos felices si estamos satisfechos con el pasado, alegres en el presente e ilusionados con el futuro. Pero me pregunto, ¿cómo sabremos que la hemos aprehendido? Y si nos falta una pata del trípode, ¿estará necesariamente incompleta?, ¿no podremos alcanzarla? ¿No hay nada más qué hacer? ¿Es el destino preescrito?
            Pues depende. Depende de si nos hacemos responsables de lo que queremos o culpabilizamos a los otros de lo que no tenemos. Depende de si nuestras fantasías son proporcionales al trabajo que realizamos para conseguirlas o son ensoñaciones vanas que pretendemos se materialicen con la intervención de las hadas. Depende de si pensamos en una felicidad empaquetada, prediseñada según el estándar vigente o si nos planteamos la que deseamos para nosotros, única, no intercambiable, no comparable, individualizada.
            Satisfechos con el pasado, y si no, qué más da, no volverá; alegres en el presente, podemos hacerlo, modificar lo que nos lo impide; ilusionados con el futuro, sí, elaborando un proyecto a medida de nuestras posibilidades y ejecutándolo según lo planificado. Claro que podemos hacer algo, siempre: pensar en lo que tenemos para que crezca más que lo que no tenemos; disfrutar de las pequeñas cosas de todos los días; no esperar, mañana es hoy; querer sin pausa, sin límite, sin mirar a quién.
            No hay felicidad sin amor: de madre, de padre o de hijo, de amante, de amigo, al trabajo, a los versos, al aroma del salitre o de la yerba recién cortada, a tierra mojada, al hogar, al café de la mañana, a sábanas compartidas, a la piel recién lavada. El resto son artefactos efímeros, insustanciales y hueros.