martes, 26 de marzo de 2013

ZumzumtictacZumzumtictac…


Zumzumtictaczumzumtictac…
­–¡No puedo más! ¡Que alguien pare ese reloj que me enciende los zumbidos!
Cucucucucucucucucucucucu…
­–¡El pájaro, que me traigan la escopeta!
Zumzumtictaczumzumtictac…
–¿Es que ese bicho no incordia a nadie más? Está claro que va a por mí, ¿pero yo qué le he hecho? Si tuviera a mano la escopeta…
Tinoninoninotirorirorirotinoninoninotiroriroriro…
­–Las bailarinas del pajarraco, cojas las voy a dejar a todas…
Zumzumtictaczumzumtictac…
–¡Ahhh…! ¡Me quiere volver loco, el plumas! Pero no, conmigo no va a poder, no me rindo fácilmente. Se va a enterar…
–¡Pero abuelo! ¿Qué le ha hecho al reloj? ¿Por qué le enrolló los tallarines al cuello del pajarito? Lo ha puesto perdido. ¿Qué tendrá usted en contra de los relojes que no le duran un asalto? Es el quinto este mes. Con lo mono que era este del pajarito, si se lo compré para que se sintiera acompañado…
–¿Yo? Ellos son los que van a por mí, quieren acabar conmigo, se quedan con mi tiempo. Pero no, no van a poder…