sábado, 20 de abril de 2013

Embarazosa


–¡Qué me dices! ¿Embarazada? ¡No me lo puedo creer!
–Lo que oyes, así, tal cual, y tan tranquila que va por la calle luciendo su panza.
–Desde luego, algunas no tienen vergüenza.
–¡Qué va! Ni la más mínima. Yo creo que lo engañó. Él parece un hombre cabal que no se hubiera enredado en esto sabiendo la edad que tenía.
–Igual le mintió y él pensó...
–Si es que ella… como se viste, no aparenta...
–Pero él algo supondría porque se lo habrán tenido que hacer en el hospital.
–Claro, si no, con más de cincuenta...

Alegoría


Una peluca rojo tomate le tirabuzoneaba la cabeza, más propia del Carnaval de febrero que del calor de mediodía en agosto; los labios y las mejillas del mismo tono; gastados collares dorados le pesaban al pecho; el resto era todo rojo granate, incluidas las piernas venosas. Subía decidida la cuesta arrastrando su peso en el bochorno con algo largo empuñado en la mano, ¿Una escoba? ¿Una bruja?
Al llegar a la altura de la cruz de palo que engalanan en mayo abrió el paraguas y le colocó la peluca al Cristo alegórico. Empezó a llover.