domingo, 22 de septiembre de 2013

La Luna II


–Antonio, no es que quiera que te mudes, pero ¿te enteraste de que Jaime no encontraba su tablet la semana pasada? ¿Pues adivina quién tuiteaba con ella esta mañana al lado de la cancela? Exacto, y qué habilidosa la lunática esta, es para verla...

–No, si encima nos dará clases de apoyo. ¿Y tú, conoces ya a Luisa, la nueva vecina? No te lo pierdas, que a la Luna le faltó tiempo para ir a presentarse como la matrona gatuna del barrio, lo de gatuna lo pongo yo, porque ya sabes que es algo de lo que ella no tiene conocimiento.
–¿Y hablaste con ella y le informaste de la situación? Porque habría que contarle lo del inventario.
–Sí, ya se lo conté, pero creo que pensó que flipaba. Me dijo que las gatas no trasmiten el Alzheimer y que ella no lo iba a anotar todo para no olvidarlo porque no era ninguna demente, que allá nosotros con nuestras neuras.
–Dale tiempo, ya nos pedirá papel y lápiz porque no los encontrará, que la bruja-gata además de enredona es desordenada.
–Desordenada y olvidadiza, que nunca recuerda dónde puso nada, mira que le he preguntado de veces...
–Sí, sí, verás lo que le duran las cosas en su sitio, la bruja no deja una semana al nuevo material impoluto, ya se estará afilando las uñas. ¿Le comentaste lo de la reunión de la comunidad?
–También, y se extrañó de mi hablar susurrante, como quedamos que nos pasaríamos la convocatoria, en voz baja. Que la ley indica el modo de proceder en estos asuntos, por escrito, y que en qué clase de comunidad de vecinos se había metido ella. Me dijo que se iba a replantear seriamente su instalación con nosotros. Le dije que nosotros estábamos también en eso.
–En fin, las clases de chelo, que parece ser lo que le interesa a la loca esta, empiezan a las seis y duran una hora, así que habrá que ser puntuales y no irse por las ramas, hay un único punto en el orden del día. Don Pedro tendrá claro que no se va a tocar el tema de la televisión por cable, ¿no? ¡Quién tiene tranquilidad para ver la tele en esta situación!
–Yo traté de dejárselo claro, aunque no sé si lo entendió todo porque no había podido encontrar el sonotone. Estará de manos de la gata, es decir, de patas... Total, si él no se entera de nada para qué querrá el cable. Otra cosa, ¿has pensado en lo nuestro?
–¿Lo nuestro? –Le dije yo.
–En lo que no me deja vivir, ¿será también cosa de la gata lo de Mariluz en mi cama?

Anoche me desvelé pensando si Antonio no se estaría aprovechando de la confusión, aunque por otra parte, tampoco yo estoy tan segura de haber dormido siempre con Mario.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Quién le puso el cascabel a Luna I


Luna es blanca y negra, como si siempre estuviera en cuarto creciente de barrigona que se ha puesto. Barrigona y chismosa, que de todo se alimenta la muy cotilla. Claro que sus movimientos se restringen a las visitas al domicilio de sus vecinos para espiarlos. Menos mal que a alguien se le ocurrió ponerle el cascabel para avisar de sus intrusiones en lo ajeno, que lo de sigilosa no lo ha perdido en su progresiva humanización por la convivencia comunitaria. Es de tanto escuchar conversaciones que su fisonomía se ha mimetizado con la de los vecinos hasta la humanización gatuna más impresionante que se haya descrito, ahora ya solo le falta hablar para además hacer sus aportaciones, no nos queda duda de que ya estará en ello. Es lista, la gata, lista y mirona.
         Conoce los detalles de cada familia, de hecho pensamos que además los trastoca, cuando aprenda a hablar vamos a estar perdidos, no parece discreta precisamente. Nadie podría asegurarlo, pero Jaime juraría que había pintado de verde la cancela que ayer amaneció azul y que ese sofá anaranjado que hay en su salón no lo compró él, sino que lo vio en la casa de su vecina Mónica, la del cinco; Mónica no sabe por qué su coche es gris, cuando no le gusta ese color, sin embargo le encanta el rojo-flamboyán del coche de Mariluz y juraría que ese coche era suyo, además de que Mariluz insiste en que nunca le ha gustado el rojo; pero lo peor es lo de Antonio, que anoche me confesaba que casi podría garantizar que él no se había casado con Mariluz, aunque las fotos del salón parecieran confirmar lo contrario, que casi juraría que su mujer era yo. Lo peor de lo peor es que a mí no me sonó extraño y le contesté que me lo pensaría y que debíamos ir tomando cartas en este asunto. Ya nadie duda de que el asunto parte de la vecina matizada.
         Se impone una reunión urgente de la comunidad de vecinos, pero cómo vamos a dejar a la Luna fuera para tratar el tema con comodidad. Leería la convocatoria, aprendió leyendo la publicidad que dejaban en el buzón y ahora se ha pasado a la biblioteca de Antonio, que es profesor de Literatura, aunque ya no sé bien en manos de quién estarán esos libros con esta gata enredadora.
         Estamos pensando convocarla un lunes, verbal y discretamente para que no haya constancia, porque a la gata parece que se le está quedando corto el vecindario y la hemos visto que se va al conservatorio los lunes por la tarde, nunca falla, se ve que está entusiasmada con la música váyase a saber de qué instrumento, esperemos que no sea la batería o se le ocurra pretender que le consigamos un piano.
         Antonio dice que como la vea estudiando inglés, se muda.
Continuará...