El circo de la realidad*
Caminé durante cinco días para llegar hasta el centro de aquel circo montañoso, había leído que es el más bello de la Tierra. Llegué mirando al suelo, con cuidado de donde ponía los pies. Por eso se me paró el aire en los pulmones cuando levanté la mirada y me encontré en medio de los picos de nieves eternas. Estaba en el centro del mundo. El azul del cielo se colaba entre las montañas con los rayos cortantes del sol matinal, exuberantes y descarados por la altitud, en su territorio. El aire helado volaba a sus anchas, y tan ancho era que no me cabía en el pecho. Silencio. Miraba y sentía que no era capaz de verlo todo, o de que veía más de lo que estaba acostumbrada a mirar. La vista era también tan ancha que no me cabía en los ojos. ...