Fotografía: Eduardo Castro Marina es una provocadora. Mira si lo es que se pasa la vida leyendo, y luego se lo pasa hablando con las palabras de esos cuentos. Mira como estará de mal que se cree lo que lee. Está fatal. Y pobre Pedro, bebiendo los vientos por ella, y ella nada, distraída, como si no le interesaran las palabras de este mundo, como si las fuera a necesitar cuando se vaya pa el otro. Digo yo que en el otro mundo se hablará de otra manera, o no se hablará, vete tú a saber. De todas formas, lo que no creo es que vaya a necesitar tantas palabras, pa morirse no hace falta ninguna. Y pa vivir… bueno, alguna sí, pero no tantas. Pues ahí la tienes, siempre con un libro en la mano, siempre buscando un rincón pa devorárselo a solas, en vez de estarse a solas con quien tiene que ser, con Pedro, por ejemplo. Y no es porque a mí me importe o me deje de importar, que a mí me da lo mismo, así se le vaya toda la cabeza...