Feliz Día de Canarias
Qué vergüenza —¡Ay!, Carmencita, qué vergüenza más grande. —Mujer, no será para tanto. —¿Que no? Que no que va. —Pero si es solo un niño. —Solo un niño y ya nos deja afrentados pa toda la vida. Nosotros preocupados por darle una buena educación y mira pa lo que le sirve. —Ya te digo que todavía es chico. —¿Chico? Pa lo que no es chico es pa ir por ahí diciendo palabrotas. —¡Bah!, palabrotas dicen todos. —¿Pero tú sabes la que ha dicho él? —Cualquiera de esas nuevas. —«Vosotros», ha dicho «vosotros». —Te presto la chola. Zarcillos Ninguna iba al baile de magos sin sus zarcillos. Pero no cualquier zarcillo, tenían que ser de los de verdad. Tampoco servían los recién comprados, cuanto más heredados, mejor, y eso se notaba en el diseño. Lo notaban las entendidas, que en el barrio eran todas. Muy cotizados, estaban: de madres a las madres siguientes y así siempre. Pero claro, los tiempos han cambiado tanto… —Maaa, préstame los zarcillos. —Pero ...