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Mostrando entradas de 2024

Presentación de Tranquilo en las montañas de Rusia, de Claudio Colina Pontes

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Bonita tarde la de ayer compartiendo  casicienes  en las montañas de Rusia con tantos amigos, que no son tan tranquilas, como quedó patente en las palabras de Claudio, son montañas con mucho ambiente. Claudio, tentado desde chico por investigar el otro lado del Telón de Acero, como se le pasó el arroz para esta investigación, lo coloca de su puño y letra en espacios satelitales plagados de meteoritos, cosmonautas y platillos volantes modelos años setenta, lo que corresponde para no incurrir en anacronismos, que él es muy normativo. Lo que no está reñido con su afición por forzar las palabras: de hecho, le he propuesto a la Fundéu (meteorito)   dinosauriodefinitivo   como palabra del año 2025, a ver si hay suerte, y como segunda opción,   solteramente,   aunque a esta le tengo menos fe porque ya sabemos que los de la RAE son poco de   mente.   Que por cierto, hablando de meteoritos, quedó establecido que hoy, día 21 de diciembre, se fijaba como la ...

La humanidad de la ciencia en la ULL

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Presentación de El candil del sabio, de Héctor Roldán

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Presentación de El candil del sabio  en la librería Lemus de La Laguna el jueves 28 de noviembre de 2024, del que ya escribí una crítica que puedes leer aquí: Sobre El candil del sabio, de Héctor Roldán Delgado «Buenas tardes a todos, y añado a los agradecimientos que acaba de mencionar Héctor el agradecimiento a él mismo por confiar en mí para la presentación de su libro… de su primer libro, porque ya nos contará después lo que se trae entre manos. Estaba yo pensando en cómo enfocar esta presentación y se me ocurrió empezar por el tópico de definir el género de  El candil del sabio,  costumbre que quizá deberíamos ir abandonando, dada tan enriquecedora hibridez creativa de nuestros tiempos. Pues eso, y tomé la decisión de definirlo como de  autoayuda. Sí,  El candil del sabio  es un libro de autoayuda, como todos los libros que se han escrito desde que se inventó la escritura hace más de 5000 años. Todavía recuerdo lo que me autoayudé de chica con  La...

Carta a la amada, de Xavier P. DoCampo

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Querida: No creo que sea un disparate que te envíe una carta, porque todo lo que he escrito siempre ha sido una larga carta que te dirigía. Además, era una carta con trampa, pues siempre podía espiar tu cara mientras la leías. Nunca estabas lejos, siempre a una distancia tan corta que podía ver tus ojos y tocarte con mi mano. Puedo escuchar tu palabra e inventar la palabra que deseas para entregártela como mi mejor regalo. Estoy convencido de que son las palabras lo que más nos une. Tú sabes que siempre he dicho que contar un cuento es el acto de amor más sublime que se puede ofrecer a un ser querido. Los amantes se cuentan cuentos para que el amor habite entre ellos y nunca los abandone. Es el conjuro más poderoso para ahuyentar cualquier hechizo que se pueda preparar para destruir el amor. ¿Contaba cuentos Sherezade cada noche para conjurar la muerte? No..., lo hacía para seducir al rey Sahriyar en las redes de la palabra. Preparó aquella rueda sinfín de cuentos para que el amor fues...

¿De ciencias o de letras?

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    Texto publicado en la Cátedra Cultural Pedro García Cabrera de la ULL el 26 de septiembre de 2024. Hay que decidirse: se es de ciencias o de letras. Y a partir de ahí, hay que identificarse con uno de los dos mundos: el científico o el humanista, no caben medias tintas, que ya se sabe que el que mucho abarca…             Sin embargo, esto es un criterio moderno, los clásicos eran de ciencias y de letras sin distinción. No hay más que acudir al hombre del Renacimiento (y digo bien,  el hombre , porque la mujer no contaba ni para las ciencias ni para las letras) para encontrar referentes de este saber universal. El argumento para defender estos saberes exclusivos está muy consolidado: en la antigüedad, los límites del conocimiento permitían que una persona pudiera adquirir competencias en múltiples disciplinas a lo largo de su vida; en cambio, con el desarrollo del saber a partir de la Ilustración, el conocimie...

Amor más allá del infierno

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Tres años Fotografía: Carlos Jiménez desde el puerto de Tazacorte La fajana negra pura había cubierto la otra, la del cuarenta y ocho, pero esta mantenía las grietas en rojo líquido, calientes como las mismas entrañas de la Tierra: esas que de vez en cuando se le quedan estrechas a los infiernos y brotan. La Tierra viva que se crea a sí misma; el Infierno que se deshace en vapores fatuos con el salitre. María esta vez la miraba sola. Antonio la llevó a ese mismo lugar hacía mucho para mostrarle sus ilusiones de recién casado: «Con este terreno le daremos estudios a nuestros hijos». Tan ilusionado la miraba que ella se propuso creer que encima de aquel malpaís negro iban a crecer las plataneras. A creerlo con tanto amor como poca fe. Pero las plataneras crecieron, vaya si crecieron, y sus hijos con ellas: bien comidos, bien vestidos y bien estudiados. Ellos ya no viven en su isla-lava, pero María no sabe vivir en otro lugar. En realidad, no sabe vivir sin Antonio, porque ahora se ha que...

Barcos voladores

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Fotografía: Eduardo Castro Pedro vivía volando. Sí, volando, como el guincho, o como las pardelas cuando era el tiempo. Volaba desde que empezó a fantasear con descubrir otros mundos, más allá del suyo, chico ya desde chico, cortado por los acantilados que empiezan donde termina la playa. Lo había visto en la escuela, en el mapa que estaba detrás de la maestra. Le contaron que allí había otras cosas que no entendió, y la maestra no supo explicarle lo que ella tampoco sabía. Pero Pedro quería saber. Desde la playa se veía a los barcos entrar y salir del puerto con una cadencia que hacía inútiles los relojes en el pueblo: ya nadie se acordaba de si las cinco y cuarto permanentes del reloj de la iglesia eran de la mañana o de la tarde. Pero donde a Pedro le gustaba contemplarlos navegar era desde el acantilado, porque desde allí le parecía que volaban a través del reflejo de las nubes. Entendió que el mar tiene el color del cielo, que es su representación sobre la Tierra. Eso no se lo dij...

Vara de Esculapio y estrella de la vida

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José Manuel Brea en Medicina y melodía,  5 de septiembre de 2024 Vara de Esculapio Caduceo de Hermes La vara o bastón de Esculapio es un tronco, de cabeza nudosa, donde se enrosca una serpiente que exterioriza la cabeza, quedando separada y erguida.  Es el símbolo de la Medicina: la vara representa el poder y la serpiente, la sabiduría. No debe confundirse con el caduceo, símbolo del comercio: dos serpientes enrolladas (sabiduría) y enfrentadas entre sí a lo largo de una vara (poder) con dos alas en la parte superior o un yelmo alado (yelmo de Hermes o Mercurio), que representan los elevados pensamientos.  La vara de Esculapio se representa a veces en medio de la estrella de la vida,  estrella de seis puntas de color azul que representan cada una de las seis acciones a llevar a cabo en una emergencia médica : 1. Llamada al teléfono de emergencias, 2. Alerta o aviso al servicio de emergencias, 3. Desplazamiento del personal necesario, 4. Prest...

Sobre El candil del sabio, de Héctor Roldán Delgado

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Disponible en Amazon Quién no ha tenido un amigo que ha pasado por una época mala, incluso muy mala… y en ese momento «tuvimos una conversación, por ejemplo, en un café en un parque público, a la sombra estival de un ficus gigante».  Pues justo eso es lo que le ocurrió al narrador de  El candil del sabio  y decidió escribir las  Doce lecciones de vida de la filosofía clásica para épocas de crisis  que recoge Héctor Roldán en su libro. I.               No te preocupes por lo que no puedes controlar II.             Entiende que todo puede cambiar en cualquier momento III.           Acepta que es difícil llegar a la verdad absoluta IV.          Prepárate para la muerte V.         ...

Revista literaria Aguaviva: Verano

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Puedes leer el número completo aquí: Verano Viaje de ida Filiberto y Antonio nacieron el mismo día. Sus madres los paseaban panzudas por el pueblo, cogidas del brazo. Las otras, envidiosas entre medias de sus propias panzas, les criticaban tanta amistad. — Pa  mí que se preñaron la misma noche. — Y vete a saber de quién es quién. — Sí, vete tú a saber, entre tanto rebujón… Pero ellas seguían a lo suyo, que era bordar los ajuares para otras menos mañosas. Los de ellas se los fueron haciendo desde chicas, que en sus tiempos no se llevaba hacer otra cosa. Filiberto y Antonio crecieron entre los hilos de las conversaciones tejidas por las tardes alrededor del café. — Voy a hacer una jicarita de café. — Pues sí, y trae los rosquetes que le compré a Maruca, que están fresquitos. Y Filiberto y Antonio andaban vestidos por el pueblo, porque sus madres les cosían la ropa a conciencia, y calzados, porque sus madres les compraban los zapatos con los ajuares vendidos, mientras l...