Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2026

Sin tino

Antonia ingresó en la residencia de las monjas por voluntad propia. Nadie entendió muy bien por qué, cuando nunca había sido muy religiosa. Además, a sus ochenta y tres años, era una mujer independiente para sus cosas: vivía sola en su propia casa de viuda sin hijos. Sus dos únicos sobrinos le echaban un vistazo. A ella y a su cuenta bancaria, que tenía Antonia cierta tendencia a autodesvalijarse y más de una vez los sobrinos habían tenido que acudir al rescate de la tía. Casquivana, tampoco, solo un poco manisuelta, de toda la vida. El caso es que estaba encantada en la residencia, y las monjas encantadas con ella. Y tan encantadas estaban todas que Antonia colaboraba con las monjas en las tareas del centro: ayudaba en la cocina, con la ropa, con las camas, con las residentes que necesitaban más cuidados… Una delicia. Aunque en realidad, a Antonia a lo que más le gustaba ayudar era con el reparto de la medicación, y hay que ver cómo controlaba las pastillas: ni una de más ni una de me...