«Negro deslutado», Crónicas del Acojeja, ed. Esféricas (2016)
Negro deslutado A Adelina le costó identificar el pueblo en aquel grupito de casas que se encontró al bajarse de la guagua con su diploma de Maestra recién emitido. Pero luego fue comprobando que no le faltaba ningún ingrediente: rodeaba la iglesia con su plaza para las verbenas del verano, daba clientela a la venta y al bar, donde le dijeron que preguntara por las llaves de su casa, y aunque pareciera difícil, también le daría trabajo a ella misma en la escuela, que ese fue su primer pensamiento, que para educar a qué niños la habían mandado hasta allí. Más difícil le pareció después que también diera clientela a la casa del final del camino, la que encendía farolillos rojos por la noche e incendiaba por el día las conciencias que se liberaban en la venta de Olga. Pero eso fue más adelante. De eso hacía ya más de treinta años. Llegó para quedarse un curso y se quedó el curso de toda su vida. Se instaló en la casa del maestro, encima de la escuela unitaria en la que educó a las generac...