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Mostrando entradas de septiembre, 2012

Historias de portería, ed. La Esfera Cultural (2012)

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Germán, el del descansillo Germán tenía el descansillo hecho a su mano. No digo que limpio, tampoco es eso, pero bastante apañado para recibir. Sí, para recibir. No cobraba, los estatutos de la comunidad no permitían oficinas, despachos o consultorios, pero tenía su clientela fija dentro del edificio.  Al principio los quisquillosos de siempre se quejaron de que el descansillo de Germán parecía un altar sin santos, de que las marujas iban allí a quejarse de sus maridos y a hablar de los pecados que les hubiera gustado tener que confesar, de que aquello era la semilla de la rebelión, de que no lo iban a permitir... El tiempo les dio más que la razón. Germán llegó al descansillo un invierno ya nadie recordaba de qué año y nunca más lo abandonó, nunca más pisó la calle, todas sus necesidades quedaban satisfechas en aquel rincón. Se instaló sin pedir permiso y nadie lo cuestionó, vaya usted a saber si la gente sin pensarlo compensó las necesidades de Germán con las suyas propias. El ca...