La magia del tiempo
La puerta está pintada de verde oscuro, parece que muchas veces, capa sobre capa, puede que no todas hayan sido verdes. De tanta pintura sobre pintura, la superficie está rugosa, como si se hubieran formado grumos de no lijar entre capas.
Así eran las puertas de mi casa.
La llave está puesta. Es de esas llaves grandes que costaba atinar justo donde tenían que abrir y siempre parecía que giraban de casualidad. Pero abrían… y cerraban. Llaves no aptas para llaveros de bolsillo. Aunque tampoco hacía falta llevarlas a ninguna parte, siempre se dejaban puestas. Antes las casas solo se cerraban cuando se hacía definitivamente. Quizá el tamaño de las llaves fuera proporcional a la intensidad de lo definitivo.
Así eran las llaves de mi casa y así la cerraron al final.
Giró sin resistencia y abrí con sigilo, como el que se cuela en casa ajena, aunque una evocación conocida me impulsaba a entrar.
Fui directa a una de las habitaciones, también cerrada con una puerta verde oscuro, igual de grumosa que la primera, pero sin llave.
Mi habitación de niña nunca tuvo llave. Las otras sí, de esas grandes que cuesta encajar en las cerraduras.
Abrí con cuidado, casi como si estuviera manipulando material peligroso. Una niña de seis años se peinaba sentada delante del espejo del tocador de su dormitorio recién estrenado. Sus padres le acababan de regalar por su cumpleaños los muebles de su habitación. Lo recordaba perfectamente.
No se sorprendió al verme y continuó peinándose mientras me miraba curiosa, parecía que me estaba esperando. Aunque yo no recuerdo haber esperado a nadie ese día. Me acuerdo perfectamente.
Me acerqué y me arrodillé junto a ella. Le di un abrazo. Me conmovió su cuerpo pequeño entre mis brazos, tan frágil.
«No tengas miedo, todo va a ir bien», fue todo cuanto acerté a decirle de tanto que hubiera querido adelantarle. No hacía falta más, el resto tendría que transitarlo ella. Nadie aprende a vivir a través de las experiencias de otros, aunque sean las de uno mismo en distintos tiempos.
Me sonrió, era todo lo que ella necesitaba para crecer hasta mí.
El mago encendió las luces del teatro y la magia se desvaneció, justo a tiempo de entregar el mensaje.
A propósito del reto de viajar en el tiempo propuesto por El mago invisible en su espectáculo de esta tarde en el Paraninfo de la Universidad de La Laguna.

Comentarios
Publicar un comentario